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Autoestima vs. amor incondicional por uno mismo

Sentimos que hay una especie de espíritu que ama
a los pájaros, a todos los animales, a las hormigas.
Tal vez el mismo que te dio un fulgor
en el seno de tu madre.
¿Es lógico que completamente huérfano
vagases ahora errante?

                                                                                          Kabir (1440-1518)

No se trata de “tener autoestima alta”, ni de valorarnos a nosotros mismos en alguna cualidad en particular ya que “estimar” también significa medir, calcular y juzgar algo y “valorar” implica poner un valor que luego puede dar pie a comparaciones nefastas que luego hacemos con los demás, acciones que nos dejan siempre por debajo o por encima de los otros.

Entonces…si no se trata de auto-estimarse…¿Cuál sería entonces la relación óptima a lograr en el vínculo que cada persona establece consigo misma? Sentir una clase de amor que es INCONDICIONAL , un amor que nos corresponde por derecho propio, solo por el hecho de estar vivos, un amor que nadie nos puede quitar.

¿Y porqué tendríamos que sentir así? Primero: porque una de las tareas que nos tocan realizar en relación al trabajo interno es el de  liberarnos de las imágenes que nos imprime nuestra cultura a través de  nuestros padres (o de su ausencia), a través de distintos  tipos de mensajes transmitidos colectivamente. Estas imágenes de quienes somos son solo espejos, imágenes que no necesitamos pero que -sin darnos cuenta- mantenemos en forma condicionada y automática. En segundo lugar: es necesario aprender a percibir que todos formamos parte de algo más grande que nosotros mismos, no estamos aislados, no somos extranjeros, parias, ni huérfanos de este mundo.

Estas imagenes distorsionadas funcionan con naturalidad en nosotros, surgen desde el inconsciente y se recrean permanentemente en nuestras vidas. En cambio hay una imagen que sí nos cuesta construir y conservar y es la del espacio inmenso en la vida en el que somos amados todos por igual, sin importar las cualidades que tengamos, sin importar quiénes somos, ni nuestros supuestos defectos. Nos cuesta darnos cuenta que los jueces que dictaminan quiénes somos son subjetivos y generalmente muy arbitrarios. ¿Lo pueden ver así o quedan perdidos en el “pequeño amor” que algunas personas decidieron darles o negarles?¿Pueden verse a sí mismos libres de toda interpretación de los demás, o al menos libres en alguna medida de ellas?

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