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Desde perspectivas diferentes

Cuando se trata de vivir nuestros vínculos no solemos tomar en cuenta un concepto que los científicos conocen muy bien y es que la realidad no es una entidad fija y única sino que,depende del observador que la percibe. Al pasar por alto este aspecto, chocamos permanentemente con los otros, no nos estamos dando cuenta que no se trata de encontrar LA VERDAD, sí de comprender lo que cada quién percibe: estar vinculados no implica necesariamente estar comunicados.

El camino del hijo

La mayor parte de las veces, los hijos no saben a qué atenerse con respecto a los códigos de comunicación que tienen los adultos y se ven envueltos en su misma ignorancia y confusión. Es que los humanos aprendemos de maestros que -en el mismo proceso de enseñar- también se encuentran aprendiendo.

¿Quién puede decir que no recuerda con intensidad por lo menos algunas escenas de su propia infancia?¿Qué adulto , si rastrea en su memoria, no se conmueve con recuerdos vivos acerca de su niñez?.

Los largos años que transcurren desde el nacimiento hasta que llegamos a estar verdaderamente capacitados para sobrevivir por nuestra cuenta, generan una vulnerabilidad tan importante, que sus consecuencias se prolongan por mucho tiempo. Así, se formarán esquemas que -por su carácter inconsciente- se constituyen muchas veces en fuente de repetición de situaciones que nos dañan innecesariamente.

Nuestros padres son quienes pronuncian las primeras palabras que escuchamos; ellos son quienes reciben toda nuestra admiración y -por años- son los seres humanos más importantes que conocemos. Por su misma presencia -o ausencia- son también quienes -además de padecer ellos mismos de los efectos negativos de la cultura- tienen el poder de generar algunos de los mayores dolores de nuestras vidas.

Ser padres

El vínculo entre padres e hijos se asienta sobre una asimetría de roles.

Ambos hablan “lenguajes” distintos, por lo que los padres solo pueden entrar en el sistema de los hijos haciendo el ejercicio de “regresar provisoriamente” a su pasado, para hallar desde sus recuerdos, los códigos de comprensión del lenguaje de sus hijos.

Pero a su vez, si solo permanecen en el pasado, estarían finalmente tan confundidos como sus hijos, pudiendo finalmente hacer poco o nada útil desde su rol. Entonces la clave parece residir en lograr permanecer en dos lugares al mismo tiempo , “atrás” y en el presente.

Tener un hijo es, en realidad, una empresa y una aventura. El hijo jamás se corresponde con la imagen o fantasía que nos forjamos sobre él. Además, solo descubrimos qué significa educar cuando lo hacemos, recién cuando nos encontramos en medio del proceso, cuando ya no podemos decidir volver atrás.

El hijo en principio es un extraño que “se instala”en una realidad que lo antecede. La trampa, entonces, está en decir:”este es mi hijo, lo conozco porque es parte mía, es esperable que fuese así”; o “no me agrada que sea de esta forma, esto no es lo que yo esperaba que fuer él”.

Si logramos aprender, revisar el proceso, podemos llegar a preguntarnos: “¿Quién es este ser humano distinto a mí mismo y al que yo llamo mío?”. Esta pregunta es un enunciado que libera, que permite crear y comprender, tolerar y aceptar.

Educación basada en la perspectiva Transpersonal

Los padres se enfrentan con serias dificultades en su tarea educativa, pero en contraste con ellas, también existe una mayor conciencia acerca de nuestra capacidad siempre creciente de conocer y comprender, que nos conduce a un espiral de evolución hacia una conciencia de orden superior.

Las preguntas que se hacen los hijos hoy en día son profundas y reclaman respuestas complejas y difíciles de responder para los mismos padres: ¿Cuál es el sentido de la vida?; ¿Cuál va a ser el futuro del planeta? ¿Por qué tengo que aprender a responder sin violencia a la agresión? Y así, quién tiene hijos o quién escucha a los de otros, sabe que es así.

El prefijo trans significa “arriba y más allá, trascendiendo”. De modo que el aprendizaje transpersonal incluye – por definición- el aprendizaje en todos los niveles. Es el aprendizaje acerca del sí mismo y de las propias relaciones con la vida, incluye a la imaginación, la intuición y el intelecto; implica que el cuerpo, la mente y el espíritu se transforman juntos por medio del proceso de aprendizaje.

En todo el mundo encontramos cantidades cada vez mayores de personas que intentan aprender aprovechar den profundidad de su experiencia mediante el crecimiento personal, la transformación espiritual, la meditación, los grupos de apoyo.

Estas formas de trabajo pueden ayudar a las familias a incluir otras variables en la vida cotidiana: la dimensión de una conciencia de crecimiento que se base en el potencial humano para la cooperación, la colaboración y el altruismo recíproco y la responsabilidad personal y social. Los educadores que adhieren a la visión Transpersonal se proponen implementar una educación de la conciencia.

La “conciencia” es un estadio de expansión del conocimiento, el “darse cuenta” personal y universal. Este conocimiento expansivo permite a la gente entender múltiples capas de relaciones con ellos mismos, con otros y con el mundo de la naturaleza.

“Conciencia” es también la totalidad de pensamientos, sentimientos y percepciones de una persona. Al desarrollarse el sujeto- desde el nacimiento hasta la madurez- la conciencia se expande. Tal expansión puede continuar a lo largo de este camino natural durante toda la vida o bloquearse, en el caso de ser obstruida por limitaciones psicológicas. Los más bajos estadíos de la conciencia son egocéntricos, produciendo conductas de preocupación por el sí mismo, con exclusión de los otros. En los niveles más elevados, los límites entre la conciencia y el sí mismo comienzan a desintegrarse y la persona experimenta una conexión con lo trascendente.

Entonces, educar la conciencia es el proceso de “hacer salir” o “guiar hacia afuera” el verdadero Sí mismo. Es posible, entonces, articular una visión de la educación que implique una mayor expansión de la conciencia que permita ampliar y reactualizar tanto la educación familiar como la escolar, de modo tal que logremos responder con nuevas soluciones a los problemas emergentes en la actualidad

 

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