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De maestros y aprendientes

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maestros_espirituales
Cuando de intercambiar conocimientos generales se trata, la sociedad ofrece recursos  de enseñanza muy precisos y quienes necesitan aprender tienen en claro cuáles son los canales establecidos para hacerlo. En cambio, el escenario no se presenta muy bien definido cuando de aprender sobre la espiritualidad se trata. Y aunque a veces parezca lo contrario, porque muchos omiten tan siquiera mencionar esta dimensión de la existencia humana, estas creencias y saberes marcan profundamente la vida que llevamos.
El término “espiritual” es difícil de definir debido a que es usado en contextos muy distintos, nos referiremos él como el camino en el que se aprenden y experimentan valores a partir de los cuales decidimos ir desde el miedo y el aislamiento,  al amor y al altruismo y desde la ignorancia a la sabiduría y a la comprensión.
Este es el camino que recorren las tradiciones sagradas de la humanidad y que ha sido denominado de distintas formas: despertar, auto-realización, iluminación, unión con la Totalidad. No obstante se le asignan tan diferentes nombres, todos sugieren la transformación de la conciencia y la idea del progreso que se alcanza como consecuencia de prácticas establecidas.
Algunos de los misterios que se abren en este camino son complejos pero podríamos investigarlos haciéndonos las siguientes preguntas: cómo aprender, cuándo y a quién considerar como maestros o cómo elegir entre las enseñazas las que a cada quien le parezca significativa.
¿Cómo nos comportamos cuando aprendemos “espiritualidad”? ¿Somos aprendientes activos, flexibles y creativos? ¿Nos atrevemos a salir de nuestros espacios seguros y a soportar la ansiedad que surge cuando no sabemos? O… ¿Tal vez seguimos pensando que hay alguien que todo lo sabe? Intelectualmente sabemos que esto no es posible, pero inconscientemente seguimos sosteniendo fantasías que provienen de la infancia, imágenes de adultos todopoderosos y omnipotentes que nos dirán cómo es la realidad.
Asimismo, no nos suele resultar fácil aceptar que hay cosas que no podemos controlar, que la vida es incierta y que somos vulnerables y efímeros; por eso,  a veces fantaseamos con la existencia de mundos sólidos y seguros que supuestamente nos servirán de refugio. La consecuencia, es que creemos incautamente en personas que ante nuestros ojos se muestran seguros de conocer el acceso a estas dimensiones de seguridad  y el resultado es que nos  envuelven con promesas.
La auténtica transformación espiritual implica más que la simple imitación de la figura de otros, tiene que ver con modificaciones de la conciencia y con saber observar los principios sutiles, las estructuras y las leyes que rigen nuestro interior más profundo, ya que allí habita el mismo cosmos del que solemos percibimos separados. Si confiamos en nosotros y nos guiamos por estos principios, veremos cómo éstos se convierten en las mismas pistas que harán que sea imposible equivocar el camino.
Todo aprendizaje auténtico puede transferirse a otras situaciones, por eso la enseñanza espiritual se pondrá verdaderamente a prueba al entrelazarse con los hilos de la vida cotidiana, único lugar que tenemos para constatar las propias percepciones.
Asumir la propia sabiduría puede ser difícil, aunque también constituirse en la bella tarea de encontrar siempre nuevos espacios para lo desconocido, niveles cada vez más profundos en los que revisar una y otra vez nuestras convicciones con respecto al propósito de nuestra vida, al amor y al significado de la existencia.
¿No estarán llegando los días en los que podemos aprender de otros sin quedar encandilados por modelos rígidos, ideales y omnipotentes? La vida es amplia y podemos ser capaces de aprender de todo lo que nos pasa y de todas las personas si hacemos la excepción,  claro está, de aquellos “maestros” cuyas  ansias egocéntricas los llevan más a reclutar discípulos que a convocar aprendientes.

Fanny Libertun. Revista Uno Mismo- Columna mayo de 2010


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